OPINION ROGER WATERS THE WALL LIVE 2010-13

 

PALACIO DE LOS DEPORTES (MADRID)   25 MARZO 2011

 

El ambiente previo que se respiraba en los aledaños del Palacio de Deportes de la Comunidad de Madrid era el de las grandes ocasiones. Sin duda la ocasión merecía haber adquirido una de esas localidades “Premium Golden” que se ofertaron. En la sala VIP se sirvieron copas y canapés, pero digerí mejor la música ambiental: fragmentos de Wish You Were Here, The Wall y sorprendentemente de A Momentary Lapse of Reason. El recinto, lleno hasta la bandera. A las 21:30, la muchedumbre, ansiosa. Se apagan las luces y un maestro de ceremonias anuncia el comienzo del show. Pink, el muñeco protagonista, es lanzado al escenario delantero y comienzan a sonar los acordes de In The Flesh 1, esta vez sin banda clónica. Tampoco sin la caracterización del ‘homeless’ realizada en la gira americana. La temática bélica, presente durante todo el concierto, comienza a hacerse patente desde el primer tema, donde se escenifica un bombardeo con fuegos artificiales. El sonido: inmenso. La iluminación y la puesta en escena: increíbles. Un avión militar se estrella contra el muro a medio construir. El espectáculo no ha hecho más que comenzar.
Con las primeras notas de The Thin Ice comienzan a proyectarse en el muro imágenes de personas que perdieron sus vidas como consecuencia de los conflictos armados. La primera, la de Eric Fletcher Waters, padre del artista, que falleció en una ofensiva aliada en Anzio (Italia) durante la 2ª GM.
El guión continúa hasta llegar a la etapa escolar, haciendo aparición el esperado hinchable del profesor, sobre quien vierte las culpas un coro de niños durante Another Brick in the Wall 2. A continuación Roger comenta que en el tema Mother va a sincronizar su actuación con la que realizó en el Earls Court de Londres de 1980, que se proyecta a sus espaldas en la pantalla circular en blanco y negro. En un momento de la actuación puede leerse en un pedazo del muro en construcción “no me jodas” en perfecto castellano mientras la enorme madre hinchable con brazos de muro presencia la escena.
La temática bélica vuelve con Goodbye Blue Sky. Se proyecta una animación de diferentes bombardeos donde los misiles son sustituidos por cruces cristianas, medialunas árabes, estrellas de David, símbolos de dólar, de la petrolera Shell y de Mercedes-Benz.

La petrolera se lleva la ovación antes de que comience uno de los espectáculos visuales más esperados: la batalla coital de las flores que diseñara Gerald Scarfe para los shows originales y que se utilizó también en la película de Sir Alan Parker.

Estamos en el comienzo del tema Empty Spaces y dos puntos de luz a modo de semillas comienzan a desarrollar sus raíces desde cada extremo del muro para brotar en la pantalla circular. La genialidad está servida.La llamada telefónica donde el protagonista descubre que su mujer le está engañando con otro abre la etapa del desengaño amoroso, una situación que según parece también le sucedió a Waters. El hinchable de la mujer-mantis-escorpión entra en escena con Don’t Leave Now y lágrimas de color verde son derramadas desde la parte superior del muro mientras éste va acabándose de completar.

El muro que va separando a la banda de la audiencia se convierte en una pantalla de televisor que es destrozada antes del comiendo de Another Brick in the Wall 3. Mientras suena el intrumental The Last Few Bricks se proyecta sobre el muro otro de iguales dimensiones donde van apareciendo y desapareciendo diferentes huecos virtuales hasta que con Godbye Cruel World se coloca la última pieza del muro. La construcción del muro de cartón ha llegado a su término y con ella la primera parte de la actuación.

30 minutos de descanso para volver a la sala VIP a por algún tentempié, aunque también dan para entretenerse en leer algunas de las diferentes historias reales que la gente fue enviando a la web del artista y que van siendo proyectadas en el muro para hacer reflexionar sobre los efectos secundarios de los conflictos armados. Entre éstas también pueden encontrarse historias españolas de la Guerra Civil, como la de Federico García Lorca.

Hey You abre la segunda parte del espectáculo. El tema es interpretado con la banda oculta completamente tras del muro, como metáfora del aislamiento personal y de la pérdida de conexión con el público en los grandes conciertos. Otro de los momentos épicos. Le sigue Is There Anybody Out There?, donde focos inquisidores parecen hacer la pregunta a la audiencia.

Durante la interpretación del solo de guitarra acústica de este tema se abre la primera ventana temporal en el muro. La segunda, al comenzar el siguiente tema: Nobody Home, donde un desgarrado Waters se lamenta desde una habitación de hotel, al igual que ocurría en la gira original, en el film de 1982 y en el concierto multitudinario de 1990 que celebraba la caída del muro de Berlín.

Syd Barrett, el carismático y fugaz líder de los Pink Floyd psicodélicos, inspiró la secuencia del hotel donde el protagonista, absorto en el recuerdo de su traumático pasado, pierde la noción de la realidad. Roger Waters encontró en una ocasión a Syd totalmente transpuesto en una habitación de hotel de Los Ángeles mientras el cigarrillo que tenía encendido se había consumido por completo, quedando solamente la ceniza del mismo llegándole hasta los insensibles dedos. Plácidamente insensibles.

Comfortably Numb es uno de los números cuya sola interpretación justifican la asistencia a cualquier concierto. Aquí Waters ejerce el rol del doctor, esta vez sin la bata y sin dar la espalda al público mirando al muro como hacía en el espectáculo original. El rol de Pink que era interpretado por David Gilmour (y que prometió repetir en una ciudad sorpresa de la gira europea) fue ejecutado entre Robbie Wyckoff (voces) y David Kilminster (guitarra eléctrica), ambos alzados en sendas plataformas por encima del muro. Kilmister interpretaba el espectacular solo de guitarra (considerado por la revista Guitar World como el cuarto de entre los 100 mejores de la historia) mientras un enorme foco proyectaba su sombra sobre la gradería y el muro mostraba magníficas imágenes computerizadas.

Un kit de instrumentos aparece en el escenario frente al muro. El coro nos recuerda que el show debe continuar. Es el momento totalitarista del espectáculo. Suena In The Flesh 2 y el cerdo volador de Animals transmutado en jabalí fascista teledirigido emerge desde el lado izquierdo del muro para darse un paseo por el recinto. Los focos vuelven a iluminar a los asistentes, esta vez buscando gentuza no merecedora de asistir a él. Después de decir aquello de “si fuera por mí os mandaría fusilar a todos” Roger comienza a disparar a la audiencia con su ametralladora. El escupitajo de Montreal llevado al extremo. El público, sin embargo, está exaltado.

La temática de Animals continúa haciendo acto de presencia. Mientras suena Run Like Hell se proyectan sobre el muro los mensajes iLead junto a un cerdo, iProtect junto a un perro y iFollow junto a las ovejas, en clara alusión al libro Rebelión en la granja de George Orwell.

En Waiting for the Worms se proyecta sobre el muro el desfile de martillos del montaje original. En otra secuencia mueren unos inocentes en un bombardeo, es colgado un cartel en su recuerdo y en plena euforia extremista Roger lo abate a tiros mientras lanza sus proclamas por el megáfono. Hammer!! Hammer!!

La banda vuelve a desaparecer. Pink, aparece en lo alto del muro mientras abajo Roger canta Stop. El muñeco es lanzado al vacío sobre el escenario frontal antes de que comience el juicio (The Trial), durante el cual vuelven a proyectarse las imágenes animadas que Gerald Scarfe creó para el montaje original, aunque ahora sobre una superficie de muro más amplia. Roger interpreta los papeles de fiscal, maestro de escuela, protagonista, madre, esposa y juez para acabar sentenciando “derriben el jodido muro”. Momento de gran expectación. Tras tambalearse, el muro acaba por derrumbarse en otro número estelar de la noche. El público se pone en pie a la espera de la última canción.

Outside the Wall se hace esperar a la manera de un bis. Es interpretada de forma acústica por la banda delante de los escombros del muro. Entre ellos encontramos a Harry Waters (el hijo de Roger) al acordeón, Dave Kilminster al banjo, Snowy White (guitarrista acompañante de la gira original) a la guitarra acústica, al igual que Jon Carin (conocido músico de acompañamiento de los Floyd), y a Roger Waters al clarinete. La letra es cantada por todos los integrantes de la formación, que luego son presentados por Roger uno a uno mientras van abandonando el recinto en fila india. El último en hacerlo es Waters. Antes de desaparecer agradece a la audiencia su ayuda  para ser mejor hombre cada día, intentando eclipsar la imagen de aquél turbulento Waters que con 36 años concibiera esta obra maestra. Deberíamos darte las gracias a ti, Roger. Después de todo no es fácil golpearse el corazón contra el muro de algún tipo loco.

RAUL CASAL (ALTERNA2)     www.alterna2.com

PALAU SANT JORDI (BARCELONA)  29 MARZO 2011

 

La épica opera rock ”The Wall” de Pink Floyd volvió a sonar íntegramente en el Palau Sant Jordi de Barcelona de las manos del que ha sido, casi en su totalidad, el compositor: Roger Waters. La breve gira que se realizó en unas pocas y privilegiadas ciudades entre 1980 y 1981 ya visitó la condal hace unos años con el mismo show.

Un concierto dividido en dos partes con un intermedio de poco menos de 30 minutos. En el primer tramo se realiza la construcción del muro (de 11 metros de altura por 34 de ancho), bloque a bloque, mientras el señor Waters y la numerosa banda que lleva a sus espaldas van quedando en la trastienda, cada vez menos visibles hasta desaparecer por completo. No se hace esperar el gran tema “Another brick in the wall” (de tres partes) que abre el álbum y el show con un Roger Waters tomando el protagonismo en la parte del escenario más avanzada al muro. Y un final antes del intermedio despidiéndose con “Goodbye Cruel”.

Durante el intermedio, con la gran muralla blanca repleta de proyecciones con las fichas de los cientos de miles de soldados muertos en las guerras de Vietnam y Corea, pero también actualizadas con las de Irak y Afganistán. Y es que el mensaje no queda obsoleto, la sociedad se encarrila por las mismas vías de la autodestrucción. Si tomamos los mismos senderos encontraremos los mismos carteles que nos alertan de los peligro y nos llevarán a las mismas reflexiones. Pero en este concierto, el contenido del mensaje no era por lo que el público aplaudía y gritaba emocionado, sino la espectacularidad de este.

En la segunda parte un comienzo más propio de escenario teatral con un acto en el que Roger se sitúa en el sofá de una habitación y escenifica parte del mensaje que “The Wall” quiere transmitir a los oyentes: la soledad y la falta de comunicación que sufre la sociedad. En los últimos compases del concierto, su protagonista principal se apoya en el muro creando un efecto con la proyección en que unas simbolizadas fuerzasinteriores iluminan todo el bloque y hacen presión para que este se derribe (en parte sobre el público). La banda al completo interpreta con voces y cuerdas, erguidos ante los asistentes, un par de temas más a modo de despedida. En el segundo, el mismo Roger presenta y despide a cada uno de ellos hasta cerrar la desfilada él mismo.

Más allá del mensaje, que seguramente poco pueda impactar sobre el respetable que abarrotaba el Sant Jordi en este primer día con el aforo atestado, estamos ante un concierto de una espectacularidad sonora y visual como pocos puedan haber sido realizados sobre los diferentes escenarios que hay sobre la faz de la tierra. Unas proyecciones de una calidad y técnica visual como antes no había visto. Imágenes recuperadas de la película dirigida por Alan Parker y con escenas de animación a cargo de Gerald Scarfe mezcladas con montajes varios. Como la muy visual imagen de unos aviones bombardeando ciudades con logos de diferentes marcas comerciales conocidas (Mercedes, Shell,etc). Muñecos hinchables, que aparecían por ambos lados del escenario, de detrás del muro o desde arriba, se movían y proyectaban rayos de luz sobre el mar de asistentes. Un cerdo gigante que estuvo flotando sobre la pista durante un tema íntegro. Un avión que hace un vuelo de lado a lado del Sant Jordi para estrellarse sobre el escenario con una gran explosión; y es que la pirotecnia no faltó desde un principio. La pantalla circular, parecida a la que también utilizan los Rolling Stones en una de sus últimas giras, perdía protagonismo ante tantas distracciones visuales.

Y lo mejor y más importante de todo: un sonido impresionante, de una calidad como pocas veces se pueda tener en un pabellón de estas características no provisto de los requerimientos técnicos para la buena acústica de los directos. El sonido de unos músicos impresionantes apoyado por unos efectos sonoros que atribuían un grado de realismo muy elevado a las voces, gritos, ráfagas de ametralladoras o explosiones y rotuas de cristales. Concierto digno de ver y escuchar.

 

 

SERAFIN GONZALEZ (LA ESTADEA)     www.laestadea.com

 

PALAU SANT JORDI (BARCELONA)     29 MARZO 2011

 

Abanderados con esvásticas, Roger Waters con una gabardina de piel cual agente de la Gestapo, fuegos artificiales y parte de un muro gigantesco. Así comienza el concierto mientras suena 'In the flesh?'.

El ambiente era tranquilo entre todos los asistentes, mezcla de viejos fans de Pink Floid y de Roger Warters y de nuevos forofos del sonido psicodélico del disco 'The Wall'. No hay agobios en las primeras filas, sin empujones, sin protestas por sacar las cámaras y tapar parte del espectáculo. Así durante todo el recital.

Y mientras suena el set-list, varios operarios van poco a poco construyendo el muro, sin molestar, pasando prácticamente desapercibidos. Un ladrillo, otro, y los técnicos dando la orden de luz al ladrillo recien puesto, lo que hace un efecto de no darte cuenta que el muro crece hasta que llevan 40 ladrillos puestos. 'Hostia, el muro ha crecido, ¿cómo lo han hecho?'. Mientras, las imágenes inundan la gran pantalla redonda del fondo del escenario. Las figuras del maestro y la gran madre aparecen en escena y el muro empieza a llenarse de fotografías y rótulos. Y sigue creciendo hasta quedar solo una ventana por la que Waters se despide mientras la tapian. Y termina la primera parte del espectáculo.

Un sonido muy nítido, con distintos efectos en función de la posición de los altavoces, y sin un volumen excesivo, hizo que fuera muy agradable la experiencia.

Siempre fiel a su flema inglesa, [Waters] se portó como un caballero del rock con comentarios de agradecimiento durante todo el recital. 

Tras el descanso, con el muro ya completo, y la banda en el frente, continúan las imágenes sobre el muro, con el amanecer en el templo de columnas, la entrada en el país de la imaginación, la marcha de los martillos, el cerdo hinchable volando sobre los espectadores y la final caída del muro. Un sonido muy nítido, con distintos efectos en función de la posición de los altavoces, y sin un volumen excesivo, hizo que fuera muy agradable la experiencia, pudiendo comentar sin problema lo que estaba sucediendo con la persona de al lado.

Waters, siempre fiel a su flema inglesa, se portó como un caballero del rock con comentarios de agradecimiento durante todo el recital, sus bis a bis con el público, al que corregía cuando se confundían en alguna parte de las canciones, el protagonismo que le daba al resto de la banda, no tomando la atención total, si no dándoles sus momentos, convirtieron el concierto en algo bastante personal, como muy íntimo a pesar de ser unos 40.000 espectadores en el Palau Sant Jordi.

Realmente un espectáculo único, y que me ha dejado muy buen sabor de boca. Creo que tengo razón al decir que ha sido el mejor espectáculo que he visto hasta ahora, sin comparación a los otros conciertos a los que he asistido, ya que dicho evento ha sobrepasado con creces mi poder de atención. Demasiado para ver en solo dos horas. Sin duda repetiría.

 

 

LOZOOT (THE MUSICALL)     themusicall.blogspot.com.es

 

PALACIO DE LOS DEPORTES (MADRID)     26 MARZO 2011

 

Como grandes amantes del rock clásico y admiradores de Pink Floyd, no pudimos dejar pasar la oportunidad de ver a Roger Waters interpretar The Wall. Estábamos obligados a verlo en vivo porque por nuestra edad nunca hemos podido a ver Pink Floyd en directo y además éramos muy conscientes de que esto no se iba repetir nunca más.
Yo iba con la intención de ver un gran concierto con un gran espectáculo, pero nada que me sorprendiera porque he visto la película y el dvd del directo de Berlín numerosas veces, de hecho tengo ambos originales. Mientras esperamos la cola oímos a varias personas (una de ellas El_Culebra) decir frases del tipo "Tengo una amigo que ha ido ayer viernes y dice que ha sido la hostia".
Estuvimos haciendo cola desde las 3 de la tarde emocionados como niños el día antes de Reyes esperando los regalos, y conseguimos colocarnos en las primeras filas de la cola, pero no para colocarnos en la primera fila del escenario. Fuimos pronto para coger el mejor sitio, un sitio lo suficientemente cerca del escenario como para verlo y oírlo bien, pero lo suficientemente alejado como para tener una visión panorámica de todo el escenario que nos permitiera ver todo el muro sin tener que estar girando el cuello para no perdernos nada.
A las 7:30 entramos y vimos el escenario con un trozo del muro ya construido a los lados, la típica pantalla circular de Pink Floyd y un maniquí en medio del escenario que tenía el abrigo del personaje del dictador con el brazalete con el símbolo de los martillos. La emoción aumento muchísimo, pese a que quedaban 2 horas para que empezase todo. Estábamos como niños pequeños que han descubierto en que armario están escondidos los regalo de Reyes, pero aun así tienen que esperar al día 6.
El espectáculo comenzó con puntualidad británica y desde la primera canción eso que dije antes de "nada me sorprendería porque he visto la película y el dvd del directo de Berlín numerosas veces" se me borro por completo. "In The Flesh" fue interpretada acompañada de proyecciones, fuegos artificiales, soldados portando banderas con el símbolo de los martillos, explosiones simulando disparos de aviones que se oían en dolby surround viniendo de todos lados sincronizados con proyecciones de aviones y al final un avión que venía desde nuestras espaldas para estrellarse contra el muro, romperlo y arder.

Como todos esperábamos, el muro se iba construyendo a medida que el espectáculo avanzaba y además iba ganando más protagonismo gracias a las proyecciones. Además del cuidado contenido de las proyecciones, también hay que resaltar la logradísima técnica y precisión con la que se hacía. El techo estaba lleno de proyectores, puede contar hasta 12 y cada uno proyectaba una parte en concreto del muro sin notarse el solape entre las proyecciones de los proyectores. Además las imágenes no se proyectaban sobre los músicos, solo sobre el muro y a medida que se iba colocando un ladrillo nuevo, la proyección se encendía en ese ladrillo. En “Thin Ice” se nos presentaban a los gente fallecida* (comenzando con el padre de Roger) en la pantalla circular y su foto era agregada a un ladrillo hasta completar todo el muro (en ese momento del concierto solo levantado en parte).

Si este disco tiene una canción caracteristica, esa es “Another Brick In The Wall, Part 2”, por eso su puesta en escena fue soberbia. Un muñeco de “El Profesor” más grande que el propio muro, niños haciendo los coros.

Uno de los momentos que mejor recuerdo es la interpretación de “Mother”. Roger salió acompañado solamente de una guitarra acústica, nos hizo una presentación del tema (demasiado larga) y empezó a tocar la canción mientras en el muro y la pantalla circular se proyecta un video suyo perfectamente sincronizado tocando esa misma canción en un concierto filmado en los 80

Una decepción personal fue no ver a Roger cantar “One Of My Turns” desde una pequeña habitación encima del muro y verle tirar una tele como en el espectáculo original emulando a la película, pero la habitación aparecería mas tarde en “Nobody Home”.

A medida que el muro se iba construyendo, las proyecciones iban ganando más peso. La mayor parte de ellas han sido creadas expresamente para esta gira y solo en un par de canciones como “The Trial” se utilizaron videos sacados expresamente de la película. Una vez completado el muro y haber llegado a la mitad del espectáculo tuvimos un descanso de 15 minutos.La segunda parte del concierto fue un espectáculo visual con el muro completo donde se proyectaron mensajes antibelicistas, videos de las atrocidades de la guerra como unos civiles tiroteados y una critica sobre la sociedad actual. Esto llego a su climax cuando tocaron “Comfortably Numb”, ¿Qué puedo decir de esta canción? Vedlo vosotros mismos.

Después de esto llegamos a la traca final del concierto donde la locura de Pink (el protagonista de la obra) se hace insostenible y le hace creerse un dictador volviéndose a enfundarse el traje militar con el que abrió el concierto para interpretar las últimas canciones: In The Flesh, Run Like Hell, Waiting for the Worms y Trial. Todo ello con proyecciones de los martillos, una version algo diferente del cerdo hinchable de "Animals" flotando por el recinto, mas fuegos artificiales, Roger con una metralleta... ¡Increible!
Sin duda el major concierto que he visto. Espectacular a todos los niveles. Una experiencia unica. Me ha hecho estar dos horas con los ojos y la boca abierta.

ALFREDO MANTECA CANO (VIDEODROMO)     www.videodromo.es

 

PALACIO DE LOS DEPORTES (MADRID)     25 MARZO 2011

 

Este fin de semana ha tenido lugar en España uno de los acontecimientos musicales que marcará a toda una generación porque pudimos ver el viernes y sábado en Madrid y domingo en Barcelona “THE WALL-LIVE TOUR”, dentro de su gira mundial. Teníamos claro que se trataba de un espectáculo que nunca se volverá a repetir, sobre todo si consideramos la edad de su creador, Roger Waters. El pasado 15 de septiembre de 2010 en Toronto (Canadá) arrancó la gira y se pusieron las entradas a la venta en España para finalizar con los 30 años de espera y poder ver esta mítica obra en directo.

Los más jóvenes debéis saber que ha sido larga porque sólo entre 1980 y 1981 en unas pocas ciudades como Nueva York, Los Ángeles, Londres o Dortmund pudieron disfrutarlo. En dichos espectáculos se proyectaron las secuencias de animación en 35mm (algo muy rústico podréis pensar) que posteriormente fueron usadas para la adaptación a la gran pantalla. Tanto las animaciones como reproducciones de los personajes como gigantescas marionetas fue realizado por el gran caricaturista Gerald Scarfe.

En 1985, se entabló con David Gilmour y Nick Mason una disputa legal acerca de los derechos sobre la marca “Pink Floyd” y todo su material producido hasta la fecha. El resultado fue que Gilmour y Mason se quedaron con los derechos de la marca “Pink Floyd”, pero la sentencia otorgaba a Waters los de la obra “The Wall”, que obviamente era el verdadero creador. Eso llevó a que tras la caída del telón de acero en 1989 ofreciera un concierto en solitario llamado “The Wall Live in Berlin” el 21 de julio de 1990, con varios famosos músicos, incluyendo a Van Morrison, Sinéad O’Connor, Cyndi Lauper, Scorpions, Jerry Hall y Bryan Adams, entre otros, para conmemorar la caída del Muro de Berlín y para posibilitar la creación de una fundación “World War Memorial Fund for Disaster Relief” contra las guerras y sus consecuencias.

Con la puntualidad que caracteriza a los británicos, el cantante salió a escena y el abarrotado Palacio de los Deportes se entregó desde el primer segundo. La expectativa que todos teníamos en mente al entrar es que íbamos a ver una representación en directo de la película homónima realizada en 1982 por el realizador británico Alan Parker, sobre el mismo libreto creado por Roger Waters. Más equivocados no podíamos estar.

El núcleo argumental del álbum se centra en un cantante, Pink, cuya infancia está marcada por su padre un piloto de la RAF, que es abatido durante una batalla en la Segunda Guerra Mundial, y la opresión de la educación británica. A eso debemos sumarle que queda a solas con una madre controladora y protectora. De adulto alcanza el éxito concierto tras concierto pero para poder salir a escena se entrega a las drogas, así poco a poco pierde a su esposa y se va creando un muro entre Pinky y la sociedad, en términos generales, cayendo en una profunda depresión. Una noche en un intento de suicidio con alcohol y drogas tiene una ensoñación en la que se convierte en un dictador fascista, todo lo opuesto a lo que siente y es como persona. Eso marcará un punto de inflexión porque se celebrará un juicio onírico que acabará con el veredicto de derribar el muro que ha creado y exponerse de nuevo a esa sociedad que abandonó.

Así que las raíces argumentales hay que buscarlas en la locura del fundador del grupo, Syd Barrett, en ciertos tintes autobiográficos del propio Waters, como son la relación con su madre, esposa y con el público en general, con el que durante la década de los ochenta no tuvo buenas relaciones, algo parecido a lo que le pasaba a Jim Morrison, líder de los “Doors”. Con perdón a todos los melómanos que me puedan leer, pero creo que estoy en lo cierto si decimos que Waters le ha dado una vuelta de tuerca a esta enorme ópera contemporánea y se convierte en una de las mayores críticas sociales arropadas por todo un sin fin de alardes tecnológicos y musicales. La representación da comienzo con un extracto sonoro de la película realizada en 1960 por Stanley Kubrick titulada “Espartaco” en la que se puede oír a todos los esclavos decir que se llaman como su líder, mientras en la sala los focos van enfocando al anónimo público. Con eso sienta las bases de que nosotros como espectadores no dejamos de ser esclavos de la sociedad en la que vivimos.

Para dar paso a los acordes de rock sinfónico y progresivo que nos llevarán por una trama que no ha perdido su núcleo vital, pero en la que el tiempo ha convertido a la madre posesiva y controladora en una versión del Estado, opresor y controlador, donde las cámaras de vigilancia lo ven todo, tiñiendo de aires orwellianos la trama, haciendo con las proyecciones claros homenajes a su obra “1984”.

Pero va más allá, porque su guitarra se convierte en un enorme bisturí que abre en canal ese enorme cerdo que es la sociedad en la que vivimos para sacar a la luz los grandes culpables de todos los males: las enormes corporaciones y bancos, que cada día son más avariciosas y nos quieres devorar, y son los verdaderos responsables de las diversas guerras en las que nos vemos involucrados, ya sea Irak, Irán o Afganistán. Así en las proyecciones las bombas que podíamos ver en las creaciones originales de Gerald Scarfe son sustituidas por el símbolo del dólar, de la Mercedes Benz, de la petrolera Shell, etc. Y que volveremos a ver en otro elemento de la apabullante escenografía que es ese enorme cerdo que sobrevuela la platea.

El alegato contra la guerra puebla todo el concierto ya desde que canta los temas “Thin Ice” o “Another brick in the wall part I”. Para mí, por motivos personales, uno de los temas más perturba cada vez que lo escucho, y que en este caso adquiere una nueva dimensión.

Pero sin duda el momento que te encoge el corazón, que me conmovió hasta la médula, que se me erizan los pelos cada vez que lo vuelvo a ver en youtube,  se me salten las lágrimas tontamente, y me emocione como un niño chico, es sin duda alguna la piedra angular de esta nueva revisión de este inmenso clásico contemporáneo, el tema “Vera Lynn” y “Bring The Boys Back Home”.  Durante su ejecucción el espectador puede ver una proyección en el muro con un fragmento de un discurso realizado por el presidente estadounidense Dwight Eisenhower que dice:

“Every gun that’s made, every warship launched, every rocket fired, signifies, in the final sense, a theft from those who hunger and are not fed, from those who are cold and are not clothed”
“Cada arma que es creada, cada barco de guerra lanzado, cada misil disparado, significa, en el sentido final, un robo, a los que tienen hambre, y que no son alimentados, aquellos que tienen frío, y no son abrigados”

Con eso creo que lo ha dicho todo Roger Waters en un espectáculo demoledor, que ha impactado mi retina y mi mente, como ninguna otra ópera lo ha hecho hasta el momento, y eso que he podido ver alguna que otra en el Teatro Real. Es vital, rebelde y políticamente incorrecta. A parte de ser un alarde tecnológico porque como habéis podido ver en los vídeos enlazados, se proyectan imágenes en cada ladrillo, es sobre todo una demostración de valentía y crítica en la que nos da pistas suficientes. Así en el momento en el que su alter ego fascista se hace con Pink nos da la recomendación de “You better run”, (mas te vale que corras). Traducido dentro del marco del brillante espectáculo, “lo mejor derrocarlo”. Y como vemos en las noticias a diario las cosas se mueven en Oriente Medio.

Pero uno posee esperanza en el ser humano y cree en la posibilidad de que caigan todos los muros. Espero que los judios se apliquen el cuento ya que es vergonzoso lo que hacen.

Hasta aquí mi crónica sobre el que sin temor a equivocarme ha sido el concierto de mi vida, es una auténtica obra maestra, y espero tener ochenta años y verla representada en el Teatro Real de nuevo. Porque sólo Waters ha sabido crear un mundo que represente lo duro que es una enfermedad como la depresión, donde te sientes rodeado por un muro y no hay nadie fuera que te escuche, y tus paranoias personales no hacen más que reverberar contra las paredes. Más quisiera Bono de “U2” llegarle a la suela del zapato, porque cada día están más vendidos a la comercialidad (Blackberry, para más señas) a pesar de sus golpes de pecho. Que nos hacen añorar aquel concierto de Amnistía Internacional en el Bernabeu, pero eso fueron otros momentos, y ahora sólo hacen caja.

Waters por su parte se aleja por completo hasta el punto que en declaraciones a medios de comunicación ha reconocido que no tocará en Israel y hay que hacerles un boicot cultural hasta que derriben ese muro de la vergüenza que está en Cisjordania.

 

 

EL MARQUES (EL PORTAL DEL METAL)     www.elportaldelmetal.com

 

PALACIO DE LOS DEPORTES (MADRID)     26 MARZO 2011

 

Durante dos noches seguidas, Roger Waters ha llenado a reventar el Palacio de los Deportes de Madrid ¿La razón? Escenificar algo que jamás se convertirá en un anacronismo: La construcción del muro que ahoga el individualismo, la concepción del ser humano como un ladrillo más, como una pieza anónima en el engranaje, sin alma, sin esencia y sin capacidad de decisión.

Ignoro la razón de este tour en 2011, pero Waters dio en la diana en todos los sentidos cuando escribió “The Wall”, y las distintas generaciones reunidas ayer en el pabellón de la calle de Goya son prueba de ello.

Los Floyd clásicos son una de esas formaciones que siempre intuí que no iba a presenciar sobre un escenario. Por mucho que nos hablen de un encuentro entre Waters y David Gilmour, sabemos que es una maquinaria demasiado poderosa como para echar a rodar ya a estas alturas, a no ser que sea para un encuentro esporádico, una causa benéfica o similar. Desde la muerte de Wright, además, un encuentro entre los dos genios y el batería Nick Mason tiene poco sentido, así que la ocasión de presenciar en vivo a la principal mente creadora de la mítica banda inglesa era algo que no podía dejar pasar.

“The Wall”, el original, es el disco que me sirvió para descubrir, hace más de veinte años, que había vida más allá del Heavy Metal. Es el trabajo que me animó a lanzarme a bucear sin miedo más allá de la música de Maiden, Priest, los Barones, los hermanos Young, el señor Iommi y un millón más.

Es la obra que me enseñó que un disco puede encerrar mucho más allá de las canciones. Y la verdad es que, cuando descubrí la fuerza del universo creativo de Pink Floyd, volver a las bandas jevis ya me supo a poco en ciertos aspectos, ya nada fue igual.

Y ayer presencié a ese espigado sesentón de pelo tan blanco como los ladrillos de su muro, levantando una vez más el imperio que creó a partir de un instante que para cualquier otro mortal hubiera sido desagradable, pero intrascendente. Mr Waters visualizó la idea del muro que nos aísla e idiotiza a todos en un concierto allá por el 76 o 77, cuando un espectador le escupió desde la primera fila. Ese tío habrá palmado ya, o estará haciendo cola en las oficinas de la Seguridad Social de alguna gris población inglesa, de esas que acaban en Hampton o Borough, pero su poco elegante gesto inspiró a uno de los mayores genios del siglo XX a construir un concepto que ayer impresionó a los miles de asistentes en el Palacio de los Deportes.

Desde que Waters perdió a su padre en el frente en la Segunda Guerra Mundial, la sinrazón de la violencia ha dormido en su inconsciente, y ayer se aseguró de que todos sintiéramos lo que es estar bajo un bombardeo cuando ese dirigible de plástico cruzó el techo del local, al final de “In the Flesh”, y literalmente ardió en llamas al estrellarse contra las torres de sonido en el escenario.

A partir de ahí, la escenificación de “The Wall” al completo, ni más menos, con todos esos momentos que el fan de Floyd conoce de memoria, tanto gracias a la película de Alan Parker, como al Dvd del concierto que el divo celebró en la Gran Plaza de Berlín en 1990, fusionando su muro ficticio con los ladrillos del muro real recién derruido.

Ayer presenciamos esa hilera de banderas, de focos que iluminan al público en mitad de la noche y convierten el recinto en un campo de concentración, de ruidos de helicópteros que nos hacían mirar al techo creyendo que de verdad se había colado un AH 64 o un Bell Huey con la ametralladora M60 montada en la puerta, de los momentos más faraónicos y de los más introspectivos.

Siempre será impresionante ver a Roger Waters con el guardapolvos y el brazalete con el símbolo de los martillos ejerciendo de tirano nazi y gritando aquello de “¿Hay algún maricón en la audiencia esta noche? ¡Ponedlo contra el muro!”. Siempre será catártico escucharle cambiando de voz y metiéndose en los muchos papeles de la final “The Trial”, cuando el profesor, la madre, la esposa, el Juez y el Fiscal en la vida de Pink, el protagonista de la lírica conceptual de “The Wall”, es juzgado por todos ellos y recibe el veredicto final antes de que sus semejantes “echen el muro abajo”.

Era curioso presenciar la teatralidad del show, y entre número y número los figurantes iban colocando ladrillos –no hablo en sentido figurado, Waters construye un muro real de veinte metros de altura-. Cuando te quieres dar cuenta, el Muro está construido ante ti. El genio canta la depresiva “Goodbye Cruel World”, y el Muro se cierra con la colocación de la última piedra.

Antes, hemos escuchado los momentos más duros: La soledad y el abandono de “Don´t Leave me Now”, con esa criatura, medio mantis/medio esposa de Pink, que desciende del escenario y se pavonea mientras el protagonista se hunde en su miseria. La lujuria insana de “Young Lust”, con las proyecciones de mujeres fatales llevando a la ruina a ese desgraciado. La entrega de Waters al cantar “Mother” en el centro de las tablas con la acústica. Se nota que esta es una de las piezas que más hondo le llegan, pues se aseguró de presentarla y explicar su concepto al público, que se identificó plenamente con el artista cuando dijo aquello de “Madre, ¿debo confiar en el Gobierno?”. Sobre el muro se proyectó en rojo la palabra ¡No!, acompañada de un “No Fucking Way”, y un “No me jodas” en perfecto castellano. Y es que en pocos sitios como en España sabemos lo que es tener una mierda de clase política.

Memorable la segunda parte de “Another Brick in the Wall”, con unos doce niños cantando los coros, el inmortal “We don´t need no education/We don´t need no thought control…” Debe ser la hostia decirle a tu padre: “Papá, firma este justificante para el profe, no voy a ir a la escuela los próximos meses, me voy de gira con el cantante de Pink Floyd.

De las proyecciones, aparte de los legendarios dibujos del ilustrador Gerald Scarfe, el premio se lo llevaron las imágenes en “Goodbye Blue Sky”: Una bandada de blancas palomas deja paso a un batallón de bombarderos que cubren el cielo. Su carga letal son el símbolo del dólar, la estrella judía de David, la Media Luna árabe, la estrella de Mercedes, la concha de la Multinacional petrolera Shell…Aquí no se libra nadie, todos los mandatarios económicos y políticos se han cargado el azul de nuestro universo, y por eso la lluvia final fueron cruces ensangrentadas.

La cara C del doble álbum original contiene los momentos más introspectivos de “The Wall”, y sí, Waters abrió una ventana en su muro al mundo, y representó, sentado en un sofá frente al televisor, la triste “Nobody Home”, con todo aquel lirismo desgarrador (Cuando cojo el teléfono para llamarte/se que no hay nadie en casa…Tengo una urgente necesidad de volar/pero no tengo lugar al que ir…).

Un pequeño reproche en este punto: La teatralidad se antepone a la música. Y mientras suenan “Is there Anybody Out There?”, “Vera”, “Bring the Boys Back Home”, sólo ves el gigantesco muro ya construido, y en el mejor de los casos, al frontman escenificando. Detrás se supone que la banda está tocando, pero no tienes claro si se han limitado a poner el Cd original en playback. Por eso mismo, es una gozada cuando, hacia el final, tienes a todo el crew tour 2011 del señor Waters tocando ante ti las pistas más rockeras: “Run Like Hell” y “Waiting for the Worms”.

De la banda puedo hablar de los únicos tíos que conozco: Snowy White, que tocó en el “Renegade” de Thin Lizzy, y G.E. Smith, un eficaz guitarrista que orquestó en 1992 el concierto homenaje a Bob Dylan en el XXX aniversario de su carrera, en un show en el que intervinieron Johnny Winter, Tom Petty, Johnny Cash, Neil Young, John Mellencamp, Ron Wood, Kris Kristofersson, Willie Nelson, Eddie Veder, Eric Clapton…nada, un día tranquilo.

Entre los dos guitarristas de Waters, y el tercero, que si os fijáis debe ser hijo de Lemmy, se marcaron un “Comfortably Numb” colosal en lo alto del muro. Y es que uno solo puede lucirse con semejante material, la mejor interpretación de David Gilmour, los mejores punteos de la historia del rock.

Anécdotas varias: Durante todo el recital, se proyectaron imágenes y nombres de víctimas del sinsentido que son las guerras y el terrorismo. Nombres de caídos en las playas de Normandía hace sesenta años, de mujeres lapidadas en Irán, de marines muertos en Irak, o de víctimas de torturas en la cárcel de Abu Ghraib. Ya lo sabemos, el hombre es un lobo para el hombre, jamás aprenderemos. Detalle que me llegó hondo porque en su día me tocó de cerca profesionalmente (Yo me dedico a labores docentes relacionadas con el campo de la seguridad exterior): En 2005, cuando cuatro pirados mataron a 52 personas en el metro de Londres, la policía dio el alto a un electricista brasileño al que confundieron con un terrorista. El hombre estaba ilegal, trató de huir y fue tiroteado, en el sucio suelo del andén. Waters se acordó e incluyó una referencia a este hombre y al desgraciado episodio ayer en su muro.

Otra anécdota: Me hizo gracia cruzarme con dos veteranos Skinheads en las gradas, ya con el aspecto centrado de la madurez, pero ese aura de tíos chungos en la mirada que tienen los cabezas rapadas. Y digo que me hizo gracia, porque los Skins jugaban un papel primordial en algunas escenas de la película de Parker. No en vano, el colectivo Hammerskin tomó su nombre de los martillos dibujados por Scarfe para el clip de “Waiting for the Worms”. Así que me llamó la atención ver ayer a esos dos personajes, a su manera contribuían a situarnos en un periodo determinado: Aquellos años de la caída del Muro, el fin de la Guerra Fría, la estética de la vieja Europa.

Termino apuntando que el arisco Waters ha suavizado su carácter con el paso del tiempo, que ayer se mostró simpático, agradecido y comunicativo con el público. Mañana vuelvo a Madrid y pasearé por el parque de Berlín. Por si no lo sabéis, os cuento una batallita, que tuvo lugar en la capital hace veinte años. Cuando cayó el Muro, el canciller alemán regaló a nuestro país tres bloques de piedra auténticos, que aún hoy siguen expuestos en el mencionado parque, símbolo de la libertad, la unión entre los pueblos y tal y tal. Los bloques conservaban las pintadas del oprimido pueblo germano oriental, reflejo de un oscuro periodo histórico. Hete aquí que la primera noche, unos competentes y dedicados empleados de limpieza creyeron que algunos vándalos habían llenado de graffitis las piedras del muro, y procedieron a limpiarlas en parte, cargándose cuarenta años de historia. Esto es verídico. Ahora, que yo no puedo reprochar nada a unos funcionarios municipales que se esforzaron en hacer lo que creían que era su trabajo.

 

 

JAVIER ROMAN (NOS GUSTA LA MUSICA)     www.nosgustalamusica.com

 

PALACIO DE LOS DEPORTES (MADRID)     26 MARZO 2011

 

Sublime y sin peros la actuación que Roger Waters culminó el pasado 26 de marzo en un Palacio de los Deportes de Madrid totalmente lleno. Más de 30 años han tenido que pasar para poder escuchar, sentir y palpar toda la magia de unos de los discos más importantes de Pink Floyd, en un directo único y especial. Mentiría si dijera que sabía a lo que iba, de hecho, todavía tengo dudas a la hora de definir lo que vi.

Puntual, Roger Waters aparecía en el escenario con los bloque de su muro a los laterales, todo empezaba a cobrar vida. Con “In the Flesh”, el primer tema de esta ópera rock sinfónica, comenzaba el espectáculo. Y con ella a magia que envolvió al pabellón, gracias al sonido envolvente y cuidado, los efectos visuales, las proyecciones, y hasta un avión que terminó por estrellarse en el muro con explosión incluida. Ya no había vuelta atrás, la anestesia de Waters se había apoderado de nosotros.

Momento álgido cuando “Another Brick in the Wall’, con un brillante coro infantil añadido, comenzó a sonar, creando uno de los momentos más emocionantes del concierto. Pero The Wall es algo más que música, es un montaje en torno a un muro que no paraba de recibir animaciones cargadas de críticas sociales y políticas. Imágenes, mucha imágenes de niños y soldados victimas de guerras absurdas. No faltaron tampoco las marionetas gigantes de los personajes de la película de The Wall, el profesor, la madre y la mantis.

Y tal como esta obra conceptual está dividida en dos partes, el espectáculo también. Así a mitad y con un muro totalmente levantado, ya que se iba completando bloque a bloque durante todo el espectáculo, llegábamos al intermedio.

“Hey You” daba el comienzo del segundo acto. Una nueva composición que recogió momentos intensos como cuando sonó “Bring the boys back home”, o el impresionantes sonido y fuerza que se sintió cuando Waters con megáfono en mano hacia una especie de mitin musical al son de un desfile de martillos brutal e impresionante. Y como no el clásico cerdo pinkfloniano reconvertido en un jabali volador cargado de mensajes capitalistas.

Y así llegábamos al final, un momento único, apoteósico. The Wall había caído, y con el nuestras caras de asombro tras haber visto una obra musical, una ópera, una sinfonía rockera, y un viaje sensorial al origen de un clásico que hoy en día tiene más sentido que nunca. Señor Waters es usted  grande, muy grande…

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